Superman: El último hijo de la tierra

superman_ultimo_hijo_tierra2Superman: El último hijo de la tierra

Volvemos al universo de los “Otros mundos”, la línea editorial de DC que sirve para contar historias ya conocidas desde otro punto de vista… Aunque con los Nuevos 52, esa frase ha dejado de tener sentido, en cierto modo.

Entre el año 2000 y 2003, el guionista Steve Gerber y el dibujante Doug Wheatley, decidieron contar la historia de Kal-El pero iniciándola en la tierra y enviando al hijo de Jor-El y Lara al planeta Krypton, ante la inminente destrucción de la tierra.

¿Merece la pena tanto cambió? A continuación la respuesta

Super Lantern

Lo primero que cabe destacar es que, para poder hacer más creíble la propuesta, el guionista de “Hard Time”, introduce la historia de los Guardianes para poder detonar el aspecto heroico del protagonista, ya que al criarse en Krypton, necesita de un extra para poder seguir adelante. Esto ayuda a seguir conociendo un poco más la mitología cósmica de la editorial y gracias a esas conversaciones, uno puede imaginarse las distintas versiones que pueden hacerse de nuestros héroes.

Una vez que nos aportan ese dato, el cómic consigue que se mantenga en la memoria del lector, gracias al homenaje que realiza a John Byrne y su mini-serie sobre Krypton. Es justamente la parte en donde trata de cómo los ciudadanos vuelven a las viejas costumbres, donde vemos una reflexión sobre nuestra sociedad y la necesidad del contacto humano, en un momento en donde la tecnología ha llegado a unos niveles que ponen en peligro nuestra misma esencia. En una época en que el contacto por redes sociales es casi mayor que el contacto real, resulta crucial que sigamos leyendo historias que nos pongan en aviso sobre el riesgo de ir aumentando dichos hábitos, ya que la consecuencia sería un congelamiento de nuestros sentimientos y miedo al contacto directo.

Centrándonos en otros aspectos, señalar que la historia principal tampoco tiene muchos alicientes. Los primeros momentos, donde la clave se encuentra en arrancar al lector un sentimiento de tristeza por el abandono del pequeño Clark, resultan fríos e inexpresivos. La resistencia que se crea contra el villano, resulta poco creíble, ya que la causa de que se complique el plan es muy forzada y la amenaza no acaba de resultar verdaderamente terrorífica.

En toda esa parte intermedia, que es donde un cómic se juega su valoración, resulta que son los personajes secundarios los que intentan levantar la historia y uno es capaz de conectar con ellos, pero cuando uno se fija en los principales o en los giros de guion para darle más emotividad a la propuesta, el guion resulta simple, previsible y cuando tiene que profundizar en un aspecto emocional, lo ventila en pocas viñetas, dejando al lector con una sensación de que poco importa el destino de los mismos.

Un lápiz sin emoción

Las primeras viñetas en donde Jonathan y Martha son los protagonistas, uno ya aprecia que el dibujo del artista detrás de “Star Wars”, carece de sentimiento, ya que la expresión corporal de la madre de Clark, no cambia de una noticia positiva a una negativa. En muchos momentos da la sensación de ser una figura de cera, más que una madre preocupada por el futuro de su hijo.

Las secuencias de acción tampoco son atractivas a nivel visual, salvo un par de momentos. La utilización de pocas viñetas en muchas de ellas, nos transmite la imagen de un reportaje fotográfico pero no ayuda a introducirnos en la misma, ya que no establece un ritmo unido y dinámico.

El colorista Chris Chuckry intenta dar cierto dinamismo, pero los personajes están cortados por el mismo patrón y no acaba de funcionar las tonalidades elegidas.

Conclusión

Una historia que podía dar más de sí pero que, salvo la unión con el universo de Green Lantern y el homenaje a Byrne, se queda en mera curiosidad por no querer inyectar más emoción y humanidad a los personajes, tanto en el guion como en el dibujo.

Por lo menos, los personajes secundarios tienen una mayor relevancia y vemos que, si se les da una oportunidad, pueden llevar el peso de la historia sin necesidad de contar con los pesos pesados.

Iskander López