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Cuando uno se encuentra leyendo un cómic como “Justicia” no puede evitar levantar la mirada, observar por la ventana y desear ver a uno de estos héroes en algún momento. El respeto por su historia, el cariño que uno siente en cada línea del guion, en cada trazo del dibujo, no hace sino recordarnos la edad de oro de los personajes y el motivo por el cual nos gusta tanto este mundillo.

El equipo de “Universo X”, Ross – Krueger- Braithwaite, se vuelven a unir para huir de las modas de la época y proponer una vuelta a los orígenes, al trabajo en equipo y, en definitiva, al espíritu de los Superhéroes.

El arte de vencer se aprende en las derrotas

Esta frase de Simón Bolivar resume perfectamente una de las conclusiones de la historia, al menos en su aspecto más práctico. Si asistimos a historias en donde los buenos sufren un poco al principio pero luego se recuperan rápido y vencen con cierta facilidad, nunca llegaremos a valorar realmente lo que significan sus acciones, ni lo que supone el compañerismo entre héroes, ni lo sacrificado de su lucha. En este aspecto, el personaje de Batman es claro. Sabe lo importante que es confiar en el compañero que tienes al lado, aprovechar las habilidades de cada uno para la tarea adecuada y coordinarse de cara a una amenaza mayor. Destacar el breve diálogo entre los hombres elásticos de la liga. Puede pasar desapercibida pero refleja esa lucha interna que se da en todos los grupos cuando uno quiere destacar o siente celos, en vez de concentrarse en ayudar sin importar los premios o los intereses personales.

Por otro lado, el excelente inicio. Hace que el lector sufra con la secuencia que está leyendo y una vez más, uno no puede dejar de acordarse de Lex Luthor y su teoría sobre el paréntesis en la evolución humana producido por la llegada de Superman y compañía. Una reflexión que es de actualidad en los Nuevos 52 (Como se puede ver en el último número de “Maldad Eterna”) y que no deja de tener su punto de verdad pero no en un aspecto matemático de fallecimientos en un año o la lucha contra el crimen (Hace tiempo que Superman no rescata gatos ni detiene simples robos, y homicidios siempre ahí en Metrópolis). La mente de Luthor va más allá y señala que se corre peligro de no mejorar, de no buscar metas más altas al sentirnos pequeños rodeados de tantos Dioses. Al igual que en la antigüedad con la religión, todo se dejaba en manos de un Dios y lo que ocurría o dejaba de ocurrir era deseo de Él. Gracias a gente que cuestionaba esas directrices se avanzó científicamente y culturalmente. Ese es el miedo del presidente de LexCorp. Que los nuevos Dioses atonten nuestras mentes.

Con todo lo anterior, aún hay tiempo para una reflexión sobre los propios miedos. El miedo a las balas que rebotan, a la soledad, a la pérdida, al no ser lo suficientemente rápido.... Sin revelar nada, decir que hay una secuencia en donde uno de los grandes héroes sufre y llora mientras recibe una paliza. Esa forma de humanizarles, de mostrarles vulnerables, es uno de los grandes aciertos del cómic. La mayor batalla no es contra los villanos, sabemos cómo terminará, sino contra su propia mente de cara a no volver a fallarnos y como se recuperan psicológicamente. Fallarnos. A nosotros. Esa es la clave.

Por último, señalar que a pesar de los personajes que aparecen, tanto principales como secundarios, todos tienen su gran momento, cada uno de ellos transmite sus características y aunque Robin o Supergirl, por poner un ejemplo, se encuentran más reducidos que otros personajes menos conocidos, eso no solo se debe al argumento sino también al homenaje que realiza Ross y Krueger a todo el universo DC. Ellos tienen sus propias series y más sagas por lucirse pero otros en cambio no tienen esa suerte ni ese respaldo. Aún así, la trama avanza sin dejar flecos y los giros funcionan a la perfección, descolocando al lector ya que cuando todo parece encaminado a solucionarse, surge un nuevo problema. Menos mal que a pesar de contar con varios climax, cada uno se encarga de cerrar ciertos arcos argumentales de modo que no supone estirar la historia hasta el infinito sino que quieren que cada héroe tenga su tiempo para solucionar sus conflictos, uno vive con emoción los últimos momentos agobiándose por la cuenta atrás.

¿Qué decir de Alex Ross?

No voy a detenerme mucho porque cualquier cosa que diga no será suficiente para la aportación de este artista al medio, a pesar de que su estilo realista no es del gusto de todo el mundo.

Su éxito, más allá de su talento, se debe al conocimiento que tiene de cada personaje que dibuja y el sincero tributo que rinde a los clásicos en cada trazo. Cada emoción, cada gesto o pose, hace que estos seres se convierten en personajes mitológicos tan tangibles como lo son Zeus o Poseidón. Se dice que como USA no tiene una historia antigua, salvo la de los indios americanos, los Superhéroes vienen a cubrir esa falta. Si eso es así, sin duda Alex Ross es el maestro artesano para representar su historia.

Su compañero, Doug braithwaite, logra aportar su lápiz a los distintos personajes y logra acercarse al maestro, sin que haya diferencias relevantes, gracias a sus líneas claras y elegantes.

Conclusión

Una historia que supone un nuevo homenaje a la JLA más clásica, el otro fue la obra “JLA: Libertad y Justicia”, en donde se reflexiona sobre el por qué de las acciones de los Superhéroes y nos muestra sus miedos ante una muerte inminente debido a su propio fracaso como vigilantes.

Un cómic que hace que una persona ajena al medio comprenda e incluso se enamore del noveno arte y a los fans de toda la vida les recuerda que, a pesar de los cambios en la industria, la esencia de los héroes siempre está ahí.

Si tienes un bajón o te decepcionan las dos grandes, siempre puedes recurrir a obras como ésta y recordar por qué el mundo necesita a los Superhéroes.


Iskander López

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