JLA: Élites: Vol. 6-7

élites 6-7Terminamos la etapa de Joe Kelly a cargo del famoso grupo de Superhéroes con los dos últimos tomos, en donde se encuentra el mítico Action Comics 775.

En esta ocasión, John Byrne y Lee Bermejo se unen al dibujante regular, el desproporcionado Doug Mahnke.

Ser malo para ser guay

El mítico número, como bien explica el propio guionista, supone un homenaje a una forma de hacer cómics. En concreto, a las épocas clásicas donde los héroes defendían unos valores hoy en día anticuados y se dedicaban a rescatar animalitos de los árboles, aunque un análisis más exhaustivo nos hace ver que Superman no era precisamente un ejemplo de cómo actuar con los villanos, al menos en sus primeros números.

Con esa idea, diseña una trama que enfrenta a Superman contra un nuevo grupo de héroes que pretenden imponer su visión del mundo a través de la fuerza bruta. En ese enfrentamiento, consiguen que la gente deje de ver a Superman como un protector acorde con los nuevos tiempos (impresionante la escena de los niños jugando) y se apunten al estilo más radical de los nuevos chicos de la ciudad. Precisamente, el guion trata eso último desde la perspectiva de un héroe. ¿Tomar el camino fácil nos convierte en una versión mejorada o nos hace del montón? En ese sentido, la defensa del camino recto, de no caer en el juego de los demás – algo aplicable, por ejemplo, a nuestra vida laboral – es posiblemente uno de los retos más complicados a los que nos enfrentamos, ya que nuestros sentimientos humanos siempre nos invitan a la venganza o al rencor, afectándonos en nuestra relación con los que nos rodean.

En relación con lo anterior, resultan fundamentales las últimas palabras de Superman, ya que demuestran lo bien que conoce Kelly al personaje y lo mucho que le respeta. La visión de Kal-El del mundo y de la lucha contra el mal, es una mentalidad que nunca debe pasar de moda, ya que si lo hace, estaríamos ante el fin de todas las buenas cosas que podemos aportar como especie. Si nos rendimos a la hora de mejorar nuestro entorno, supondrá que las malas vibraciones ganarán terreno y no podemos ceder ante ellas, ya que lanzaríamos un mensaje erróneo a nuestros jóvenes.

Todo lo anterior está presente a lo largo de los tomos, ya que la siguiente fase – con la aparición de cierto familiar – nos lleva al nacimiento de dos ligas, una oficial y otra encargada de operaciones encubiertas. Ante amenazas que requieren un trato especial, nuestros héroes se dividen ya que dar ese paso supone cruzar una línea sin retorno. Al respecto, el autor logra darnos un enfoque “político”, su etapa es un retrato de Estados Unidos, ya que se aleja un poco de la visión idílica y reconoce que la vida tiene esos rincones donde la claridad y la oscuridad se mezclan, obligando a tomar decisiones difíciles por el bien mayor. Complicada situación para un líder y aquí se nos muestra las dos opciones, representadas por Flash y Superman.

Por último, indicar que los  números finales pierden un poco de garra y el final nos están redondo como uno se espera, teniendo en cuenta que resulta difícil superar lo leído hasta ese momento. Aun así, uno tiene una sensación positiva.

Lápices frescos

La verdad es que la serie se aprovecha de la llegada de Bermejo y Byrne, porque el trabajo de Mahnke sigue siendo muy irregular, estropeando algunas páginas, debido a su obsesión por mostrar cuerpos deformes.

En los momentos en que estos dos monstruos del dibujo hacen acto de presencia, el trazo logra fusionarse con el guion y regalarnos grandes momentos, permitiendo que el lector disfrute de la aventura sin distracciones.

Conclusión

Una etapa que recoge una de las lecturas más inteligentes que se han realizado sobre Superman y sobre los héroes clásicos en general, a la vez que realiza una visión actualizada de las políticas de EEUU, a través de la Liga.

Una pena que se vea empañada por el trabajo de Doug Mahnke que con sus llamadas de atención, no deja que la experiencia sea redonda.

Iskander López

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