JLA: Élites Vol. 2-3

JLA: Élites 2-3

Sin títuloSeguimos analizando la etapa de Joe Kelly a cargo del famoso grupo de Superhéroes, después de dos pesos pesados como Morrison o Mark Waid.

Turno para el final del arco argumental centrado en la desaparición de Aquaman, con consecuencias catastróficas para nuestro planeta.

Demasiados rodeos

Si bien en la primera parte, cuya reseña podéis leer pinchando aquí, se mezclaba de forma natural los momentos de más acción con la historia de los ancestros, en el segundo tomo se produce una ralentización del ritmo que no favorece en nada a la historia.

Así, en los primeros números de esta segunda entrega, se detiene en contar con detalle la historia de los villanos, intercalando las páginas con la situación de angustia que vive la JLA, produciendo un conglomerado de argumentos que no acaba de funcionar, simplemente porque la contrapartida a los héroes no tienen la misma química, no llegan a seducir y eso provoca que dichos tramos no se lean con la misma intensidad.

Por suerte, en la parte final seguimos los primeros pasos de los nuevos reclutas de la Liga, elegidos por Batman para en el caso de que los titulares desaparecieran. Una buena forma de ver como se debe cuidar y ajustar todas las piezas, cuando intentamos trabajar en equipo. En una sociedad tan individualista como la nuestra, en especial en la mayoría de los trabajos donde se crea una falsa sensación de trabajo en grupo, resulta confortante que Joe Kelly se detenga a mostrar los intentos de Nightwing por buscar a cada uno su posición dentro de la formación, sin olvidar las tensiones típicas cuando juntas a personajes que no han tenido que responder ante nadie e iban más por su cuenta.

En la última parte, se deja una reflexión interesante, cuando uno de los héroes dice “Hay días en que me alegro de que llevemos máscara”. Una buena forma de exponer que no todos los días se vence al mal y que por lo tanto, en las derrotas, cuando fallas a la gente, la sensación de fracaso es tal, que por un momento uno se alegra de permanecer en el anonimato. Cuando se triunfa uno siempre tiene la sensación de que no se le reconoce lo suficiente y que tenemos el derecho de ser aclamados…. Pero cuando ocurre lo contrario, nadie – o  muy pocos – quieren que les critiquen en público. Como personas que son, también les invade una sensación de vergüenza cuando no logran sus objetivos. Lo han intentado y no siempre se gana, no deberían sentirse decepcionados… pero al final, solo son humanos.

Un gran final

Por último, si nos centramos en el tercer tomo, vemos una conclusión a la altura de la historia. La acción se sucede a un ritmo que nos atrapa desde el comienzo y los héroes más grandes del universo DC pasan por distintas emociones, al igual que en una montaña rusa, y nos proporcionan el verdadero significado de ser un Superhéroe pero no centrado en los poderes sino en la importancia del espíritu y del apoyo al compañero de lucha.

Además, la historia personal de Aquaman resulta creíble y ayuda a dar un plus a su mitología, ya que al ser un personaje muy Shakesperiano necesita de una buena base y ese dilema que le sitúen en dos mundos, obligándole a tomar decisiones complicadas. Sin duda, uno de los grandes personajes del noveno arte y también uno de los más infravalorados por medios y aficionados. A ver qué tal le tratan en el cine….

Aunque si por algo destaca el final es por su espectacularidad. Grandes secuencias, que afectan tanto a los protagonistas como a los escenarios donde se encuentran, permitiendo al lector disfrutar de secuencias que solo se pueden ver en el cine y que junto al tratamiento de los personajes, se convierte en un cierre para el recuerdo.

Grandes proporciones

Ya hablamos en su día del trabajo de Doug Mahnke y su obsesión por mostrar el cuerpo de los personajes de forma desmesurada y exagerada. Por supuesto, aquí sigue con ese trazo y cada reacción, ya sea de alegría, pena o de rabia, se muestra de forma sobreactuada y poco creíble. Solo funciona cuando aleja el plano y por lo tanto, al encontrarse la figura más alejada, las proporciones no resaltan tanto y queda todo más limpio.

En esta ocasión, le acompaña Yvel Guichet (Stormwatch) en los últimos números y si bien se muestra más controlado, padece de los mismos recursos que su compañero y aunque la transición por momentos resulta evidente, en otros creemos que no se produce un cambio a los lápices.

En el último tomo tenemos dos dibujantes más, Darryl Banks y Dietrich Smith, que sirven de apoyo al artista principal y por ello deben ceñirse a su estilo, aunque relajan un poco esa anatomía tan antinatural.

Conclusión

Un segundo tomo irregular que combina viñetas monótonas y sin interés, con otras en donde se tratan temas importantes y intentando profundizar en las personalidades de los personajes, generando secuencias divertidas y que nos hacen ver la importancia de la colaboración.

Por supuesto, cuenta con un final que te hace acudir rápidamente al tomo 3, en donde se produce un cierre que nos hace comprender porque esta etapa se encuentra entre las mejor valoradas de la historia de La Liga de la Justicia.

Iskander López

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