Crítica de JOKER

Ya la tenemos entre nosotros. La película que ha ganado el León de Oro en el festival de Venecia, la que ha provocado que WB tenga que explicar que es un producto de ficción (utilizando la polémica para aumentar el marketing, en un movimiento inteligente) y que ha conseguido que el FBI dedique esfuerzos a leer los mensajes en las redes sobre la película…. Y además, la película que acaba de batir el récord del mes de octubre con unos impresionantes 93 millones de dólares recaudados solo en EEUU y más de 200 millones a nivel mundial. 

Una película independiente de la moda de compartir universos, con presupuesto limitado y que, respetando al noveno arte, se centra más en la psicología y en la realidad que en el mundo de las viñetas.

Dirige, escribe y produce Todd Phillips.

Esencia

Después de siete versiones diferentes del personaje (cinco en imagen real y dos en animación, sin contar videojuegos) nos llega la propuesta del director de “Resacón en las Vegas“, junto con el guionista Scott Silver (The Fighter, La hora decisiva). Antes de nada, hay que aclarar que ninguno de los dos está diciendo que la suya es una propuesta única. Cierto es que dentro de los personajes de cómics es la propuesta más arriesgada y original, pero Todd Phillips ha dejado claro desde el primer minuto sus influencias, por algo Scorsese era el primer director unido al proyecto, y su idea de presentar un proyecto diferente pero a la vez que rinda tributo al gran cine norteamericano de la década de los 70.

Dicho lo anterior, ya que se busca cualquier excusa para atacar el trabajo del director, el guion escrito a cuatro manos no entra en el típico viaje de orígenes. Muchos somos los aficionados que no nos hace gracia el tema de contar los orígenes o dar excesivas explicaciones a los comportamientos de un villano…. Pero esta película va por otro lado. Asistimos al nacimiento de una leyenda del mal pero la estructura juega con el espectador y con el propio protagonista, de manera que uno va saltando de la mente de Arthur a la realidad de la sociedad (la escena del baile en las escaleras es el mejor ejemplo, pero la escena en la finca es otro detalle). Esa dualidad, esa sensación de vivir en dos realidades hace que uno no acabe de entender del todo al Joker… Y esa es una de las claves del guion. Vemos al Joker, no a la persona…. Y ahí lo dejo para no entrar en Spoilers.

Para potenciar su resurgir es necesario que se de unas chispas que fomenten el caos. De ahí que la Gotham que se nos presenta es una ciudad al borde del abismo, donde cada uno debe buscarse la vida, en donde las instituciones recortan donde es más fácil (¿Nos suena de algo?) y la situación invita a saltar. A dar un golpe sobre la mesa. Pero no hay mensaje político. El propio protagonista lo deja claro “No me interesa la política” llega a decir. Quiere agitar el caos, traer esa alegría del descontrol a una sociedad apagada, que no se ríe y vive enfrentada. Porque él ha venido a este mundo para entretener….

En definitiva, el Joker está ahí. Ese personaje caótico, que pasa de la tranquilidad a la violencia en menos de un segundo y que se toma los acontecimientos con humor. Los guionistas entienden al personaje y han sabido llevarlo a un terreno más realista (la famosa risa, su trabajo..), en donde uno siente su amenaza, pero empatiza por momentos (lo que genera un debate interno) y nos crean un ambiente de credibilidad y de profundidad a lo que estamos viendo. Todo se encuentra medido. Los chistes (hacia el enano o sobre la visión del sexo), el análisis social, los medios… Todo se conecta para fomentar esa idea final. Dos nacimientos en una misma noche.

Dirigir

Con todo ello el director de “Juego de armas” sabe apoyarse en los escenarios y le dedica el mismo tiempo que a su protagonista. Muchos se sorprenden de la capacidad de Phillips para esta película, pero no olvidemos que los directores de comedia suelen moverse mejor cuando cambian al drama que al revés. Medir bien los tiempos, saber controlar las interpretaciones, poner el ojo en los elementos de alrededor… Son claves en la comedia y si a eso le unimos una cultura cinematográfica que bebe de algunos de los mejores años de la industria moderna, tenemos a un director que sabe lo que quiere y cómo lo quiere (ese plano final que se une al tributo a Chaplin o la escena con el compañero de trabajo y el enano en casa del protagonista). 

Por supuesto, el excelente trabajo de Lawrence Sher en la fotografía (sí, el mismo que “Resacón en Las Vegas“) ayuda a que uno sienta los olores y la tensión de la ciudad, o el montaje de Jeff Groth (Proyecto X) que permite que el metraje pausado tenga ritmo (una vez más, dejar tiempo para desarrollar un clima o jugar con los silencios puede ser entretenido si se cuenta bien). 

Mención a parte para la impresionante banda sonora de Hildur Guðnadóttir. Unida a la selección milimétrica de grandes clásicos, la convierten en una de las mejores y más perturbadores soundtracks que hemos podido escuchar. La muestra de que se puede poner música a un villano sin grandes artificios y encima que ayude a la composición del actor. 

Control corporal

Hablando de interpretar. Lo de Joaquin Phoenix en esta película demuestra la importancia de la técnica. Me explico. En una entrevista realizada en “Imágenes de Actualidad” (junto con Dirigido la mejor revista del país, aunque a perdido mucho con la baja de Josep Parera, recuperado recientemente aunque no de forma continua) el actor reconocía que no quería a un coreógrafo para los bailes que realiza en la película, pero el director le convenció. Gracias a ello, descubrió la técnica de la danza para ayudar a potenciar su expresión corporal (gracias a su maestro Michael Arnold) y conseguir esa escena mágica que es el baile en el baño donde muestra la liberación de Joker. Todo actor que haya estudiado interpretación, conoce la importancia de la técnica para esas ocasiones y este es el mejor ejemplo en años (para una película no musical o relacionada con el baile, se entiende).

Tenemos el cuerpo. A él debemos unir la voz. No llega a ser una risa tan aguda, al menos en el baremo clásico, ya que juega en distintos tonos quedándose en un tono medio-alto. Una risa/llanto que hace que uno sienta esa frustración de querer controlar algo que va en nuestra naturaleza y que pide a gritos salir (la escena del metro, donde se da cuenta que la risa solo le puede traer problemas y al forma que tiene de medir cada llanto y cada risa para transmitir naturalidad, sin pasarse de vueltas ni quedase corto). Unido a ella, tenemos una voz suave en el comienzo que teme imponerse, para ir ganando confianza a medida que se libera de las ataduras sociales. 

Por último, las emociones. Cómo van fluyendo a través de los minutos, desde la timidez, pasando por la ira, la ensoñación, la frustración y, al final, la liberación. 

Cuerpo. Voz. Emoción. Una actuación completa y que debe ser recordada.

En cuanto al resto del reparto, todos aguantan a la perfección y cada uno borda su papel. Desde Brett Cullen (Apolo 13) como un Thomas Wayne implicado en la ciudad pero certero en el análisis, pasando por un Robert de Niro en el año de su recuperación como actor, con dos grandes actrices como Frances Conroy/Hannah Gross como Penny fleck en distintos años (tragedia y demencia senil, con cierta ternura hasta que vemos cierto giro) y sin olvidar, por supuesto, la presencia siempre interesante de Zazie Beetz (la vecina del protagonista y que protagonizaba “Deadpool 2“), en un papel pequeño pero vital. 

Conclusión

Una película arriesgada dentro del género, pero que formalmente busca recuperar un cine algo olvidado (de ahí el logo clásico de WB para este tipo de películas). La demostración de que otra forma de acercarse a los personajes de los cómics más populares es posible.

Lo que no se puede discutir es la tremenda interpretación de su protagonista. Del interior al exterior. Desde la voz a la expresión corporal. Controlado. Sin excesos interpretativos. Memorable. 

‘I used to think that my life was a tragedy. But now I realize, it’s a comedy.’

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