Crítica sin spoilers de LIGA DE LA JUSTICIA: FIN DE UNA ERA

Justice League

El día ha llegado. Los grandes héroes de la editorial DC se unen por primera vez en la pantalla grande. Una producción que sufrió el revés de la tragedia familiar sufrida por Zack Snyder y que provocó la entrada de Joss Whedon al proyecto. Nuevas escenas – algunas fijadas y otras no -, diálogos y un montaje diferente al inicial de dos horas cuarenta minutos.

¿El resultado? Cambio de ciclo.

Sin profundidad

Antes de empezar conviene aclarar que el cambio de color no es algo repentino, ya que debemos recordar que Zack Snyder y Chris Terrio, durante la presentación de “BatmanvSuperman”, dejaban claro que con la Justice League íbamos a ver un cambio, ya que en eso consistía el viaje de estos protagonistas, en especial de Superman. Desde el miedo y las dudas, con una sociedad dubitativa, a ser el ejemplo y el guía de toda la humanidad.

Aclarado lo anterior, el cambio viene en que todos los cimientos establecidos por el director de “300” se han dinamitado. Toda la trama política, religiosa y social queda eliminada del montaje final y lo que es más grave, del universo. Salvo por algunos momentos en la primera media hora de película, todo lo demás se centra en unir al grupo y en los combates. Lo que diferenciaba a DC del resto de películas, el intento de mostrar una mitología moderna, de reflejar la actualidad social a través de los héroes brilla por su ausencia. Es más, dicho vacío es tan evidente que mientras en los anteriores film existía un tira y afloja entre las autoridades y los Superhéroes, en esta ocasión, salvo Gotham, parece que al resto del mundo le importa poco que un bicharraco intente conquistarnos y destruirnos. Ni una sola referencia, ni una conversación, ni un mínimo gesto y eso que hay un plano con los telediarios informando sobre un fuego misterioso (ya veréis a qué se refiere). En definitiva, todo se vuelve más superficial.

Con dichos elementos fuera del montaje, la película tiene como aspecto positivo su ritmo. Las dos horas que dura, incluidos los créditos, pasan volando y ello gracias a que Terrio sabe condensar todo el tema de las cajas madres en un flashback que permite a los espectadores, ajenos al noveno arte, entender en qué consiste y asimilar los distintos mundos que existen (atención al homenaje a Kirby con los personajes de Nueva Génesis). Los chistes son los justos y necesarios (nunca repitiéndose la misma broma más de dos veces. Regla básica de la comedia) y cada héroe tiene su parte emocional (el que necesitaría más minutos es Aquaman, aunque supongo que quieren dejar lo importante para su película) y su momento “Splash Page”. Por último, indicar que la idea de la vuelta de Superman (imagino que ya estaba en el borrador inicial) supera con creces al cómic original, al resultar más creíble y demostrando la excelente cohesión que existía en el universo DC, hasta el presente montaje.

A pesar de la importancia del guion en un film, el montaje resulta la clave de todo y aquí se nota mucho que no es la visión de Snyder. Whedon mete un nuevo comienzo (con resultados inadmisibles para una producción de estas características y que ya hace que uno empiece con mal pie el visionado), cambia parte del regreso de Superman (evidente si vemos el tráiler) y reduce toda la trama de la forma expuesta en el primer párrafo. En este sentido y en relación a la primera escena comentada, uno no entiende el motivo de su inclusión. Un director debe saber cuándo algo queda mal y aquí, más allá de que os guste o no la película, esa secuencia nunca debió entrar en el montaje final. Esa obsesión del estudio o de Whedon por diferenciarse de lo visto hasta la fecha provoca que tengamos, posiblemente, la peor secuencia inicial del universo DC. También sorprende que los tres montadores (uno de ellos con un Oscar) no digan nada al respecto o permitan algunos fallos de continuidad entre escenas.

En cuanto a la labor detrás de las cámaras. Difícil analizar. El otro día se publicaba una entrevista con un productor de WB que indicaba que alrededor del 80 por ciento era de Snyder. Viendo el resulto final cuesta creerlo, ya que han eliminado 40 minutos. Las escenas de acción siguen funcionando (atención a los excelentes flashback, la secuencia en Themyscira, la entrada de Wonder Woman) y la parte de Gotham sigue dejándonos planos para el recuerdo. En el resto, la sensación de que falta algo es inevitable y hasta que Snyder o Whedon hablen, será difícil saber hasta qué punto es responsabilidad de uno u otro algunas secuencias (al menos, Snyder sí que se preocupa por mostrar el lado más humano de Cyborg y Flash manteniendo el estilo impuesto hasta ahora).

Actores al rescate

Con todo lo anterior, menos mal que los actores están para darles vida a los personajes del cómic y lo hacen con nota.

La trinidad ya la conocíamos y aquí Gal Gadot (Wonder Woman) sigue evolucionando para convertirse en el modelo que está llamada a ser, Ben Affleck (Batman) sigue demostrando que nació para el personaje, inyectándole más cansancio físico y emocional (geniales los momentos en que muestra que no puede seguirles el ritmo) y Henry Cavill da el paso para ser el Superman esperado y después de su lucha interior por aceptarse y ser aceptado, regresa para ser la luz que marque el camino a la sociedad. Una pena que su interpretación se vea manchada por el tema del bigote (¿tan difícil era grabar algunas secuencias con barba? Más natural y creíble).

Por su parte, las nuevas incorporaciones saben captar las claves de sus personajes. Ezra Miller (Flash) logra darle el toque juvenil y divertido – ya existente en la mayoría de los cómics – Ray Fisher (Ciborg) demuestra que es uno de los jóvenes actores con mayor talento. Después de triunfar en el teatro, logra dar a su Ciborg el dolor emocional por su transformación, jugar con su espíritu juvenil cuando es necesario y, a diferencia de Cavill, su traje digital queda muy bien en pantalla y no distrae de su trabajo. Por último, Momoa (Aquaman) es el Badass por excelencia y disfruta cada secuencia. Eso sí, esperemos que en su película en solitario tenga más peso dramático porque su conversación en Atlantis pide a gritos más tiempo para comprender su situación, ya que resulta demasiado precipitado la resolución de su conflicto.

El resto del reparto sigue funcionando (Amy Adams, Diane Lane y Jeremy Irons) y los nuevos, J.K.Simmons (Un Gordon que promete) y Ciarán Hinds (Steppenwolf,  muy creíble. No había visto ningún clip y funciona muy bien en pantalla, siendo un peligro real) saben darle presencia a sus personajes.

Vagancia

Solo así se puede describir el trabajo de Danny Elfman. No solo se carga el trabajo previo de Zimmer (unos míseros acordes) sino que tira de su composición para Batman (en un par de ocasiones) y de la mítica banda sonora del maestro Williams (muy breve en un momento vital) en vez de apostar por algo nuevo. No logra crear una música memorable para la Liga, ni siquiera que perdure una vez terminada la película, lo que la convierte en una soundtrack muy del montón.

Hasta en la música se nota que buscan romper con todo.

Escenas adicionales

Hay dos. Una es todo un homenaje a la historia del cómic e incluso a la serie animada de Superman y la otra deja con ganas de ver cómo evoluciona este universo (posiblemente la mejor noticia de la película).

Se agradece que tengan un sentido argumental y no sean un relleno para que la gente aguante hasta el final.

Conclusión

A falta de verla otra vez mañana, día de su estreno y en inglés, cada vez que pasan los días mis sensaciones van a peor. Después de las entregas previas (tengamos a “Escuadrón Suicida” aparte) no me vale solo con ser entretenida gracias al humor y los golpes. DC se diferenciaba por otras cosas, entre ellas retar al espectador y proponerle algo más que un simple entretenimiento, y ahora ha caído en la generalidad.

Por suerte, todos los actores logran un gran trabajo y la película nunca aburre.

Espero que algún día veamos la versión de Snyder al 100 % para poder valorar su trabajo en esta trilogía, porque no merece este final.

I miss you.

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