Crítica de ESCUADRÓN SUICIDA. Libres de spoilers

Tercera película del joven universo DC y tercera que llega con polémica debido a las brutales críticas recibidas, aunque con el paso de los días se está viendo que los medios están divididos y parece que entre los fans hay más inclinación a darle un aprobado alto.

Con este panorama fuimos el viernes a verla y a continuación os dejamos nuestra crítica. Eso sí, antes de entrar al lío, os rogamos que tanto si os ha gustado como si no, comentéis con respeto y con argumentos “de cine”. Vamos a intentar, entre todos, alejarnos de la moda de los insultos y los ataques de colegio entre unos bandos y otros. Adaptando a un grupo

Lo primero que debemos señalar es que hay que conocer la filmografía de David Ayer (Fury), para poder ver los aciertos y los errores de la adaptación del famoso grupo de villanos. Ayer es un director que se preocupa mucho por dotar a los personajes más oscuros (normalmente pandilleros) de una estela de honor, dando a entender que al menos – en la calle – la gente se muestra tal y como es. En cambio, a las autoridades siempre las retrata en tonos grisáceos, mostrando su lado más oculto y transmitiendo una inseguridad al espectador, al no saber si están para ayudarte o para sacar tajada. Todo ello se debe a su infancia en South Central, una de las zonas más conflictivas de L.A., por aquel entonces.

Con esto claro, uno de los aciertos de su guion es el tratamiento a los villanos. A diferencia de lo que se ha dicho, no es cierto que solo Deadshot (Will Smith) y Harley Quinn (Margot Robbie) estén desarrollados. Tanto Katana – en menor medida – y Diablo – prácticamente a la misma altura que los dos primeros – son tratados con mimo y enseguida el espectador conecta con ellos. En este sentido, cabe indicar que en la historia del cómic, solo el asesino a sueldo y la “novia” del Joker han conseguido tener éxito en solitario, más allá de sus participaciones en eventos de la editorial. Es por ello, que resulta lógico que tengan más minutos de pantalla y más peso que el resto. Aunque hubieran sido otros actores, los amantes de las viñetas saben que son los únicos con peso suficiente como para volar en solitario y, precisamente por ello, resulta acertado el planteamiento que vemos en pantalla. Es más, la dinámica entre ellos funciona – no solo por el trabajo de la mayoría de los actores – sino porque todos conocen su fama y el detalle del chip les hace alinearse enseguida, sin recurrir a trabajos previos o provocar rivalidades innecesarias entre los mismos.

Siguiendo con los aciertos, destacar el acercamiento que realiza de las agencias gubernamentales, en especial, las encubiertas. Desde que se destaparan ciertas informaciones en distintos medios, el público ya es consciente de todo el entramado de espionaje que existe desde EEUU, aunque es algo común en todos los Estados de cierto nivel. Por ello, el retrato que realiza de Amanda Waller es crudo y sin vaselina. Hay una escena clave para entender la contraposición que realiza el autor y es cuando la supervisora del grupo sale del centro de operaciones, más o menos a mitad del film. En ese momento, vemos la verdadera fuerza narrativa del director y demuestra que solo necesita un plano para mostrar más personalidad que otras películas del género. Esto no es una película de macarras o inadaptados que no se toman en serio a sí mismos – como se ha intentado vender desde los trailers – es una película sobre los malos, lleven placa o no.

Otro de los puntos fuertes es, sin duda, la forma de continuar con el universo DC. No vamos a desvelar nada, pero tanto al comienzo (uno de los mejores inicios de los últimos años en pelis del género) como al final de los créditos, dan sentido a ciertos aspectos que pueden chocar al espectador (¿Dónde están Batman y Wonder Woman, por ejemplo?). Todo tiene respuesta y una explicación, dejando un final que promete emociones fuertes y grandes tensiones, siempre y cuando WB no se arrodille y siga dando libertad a sus directores.

Frenazo en el ritmo

Los mayores problemas de la película llegan una vez se encuentran en territorio enemigo. Todo el dinamismo inicial se rompe en el primer gran tiroteo y presentación de los secuaces de los villanos. El director de “Harsh Times” se ha caracterizado por escenas de acción directas, contundentes y sin excesivo regodeo. Aquí, es la primera vez que rompe con esa dinámica – al contar con más personajes de los necesarios – y cae en una repetición excesiva y en una falta de fuerza impropia de él. Al situar la secuencia en una pequeña calle, evita poder ampliar el plano y transmitir una sensación de dinamismo. Muchos de los personajes se encuentran prácticamente estáticos y los enemigos tampoco invitan a la emoción.

Lo anterior se une a la falta de experiencia del director en secuencias de gran presupuesto y con personajes con habilidades. Transmite una sensación de pelea callejera, cuando alguno de los personajes invita a la creatividad a la hora de filmar la secuencia. Precisamente, la repetición ahonda en este punto, al presentarnos tres secuencias prácticamente iguales, causando una sensación de Dèjá Vu en el espectador que provoca falta de sorpresa. Un esquema menos plano y un diseño in crescendo de las mismas, puede que aportara energía y sorpresa, ya que resulta curioso que las partes de diálogo provoquen más ritmo a la historia que la propia acción, que por definición debe ser más ágil.

Por último, destacar tres aspectos que tampoco me han convencido del todo. En primer lugar, la manía de poner todas las amenazas en el cielo (casi siempre circulares) que provocan una gran luz y generan casi su propia gravedad o succionan a los objetos. ¿No hay otra forma de mostrar un peligro? En segundo lugar, el poco sentido práctico de tener un corazón para domarlo, pero para destruirlo necesitas un punzón y darle varios toques. ¿No sería más sencillo y útil para la humanidad, tener una estructura en el maletín que reviente al mismo, en un momento? Así, no das lugar a que el villano pueda reaccionar. De la forma que se muestra en la película le das tiempo a que piense, planee y ejecute…. Que es lo acaba ocurriendo.

El último lo pongo en párrafo aparte porque tiene que ver con el casting….

Grandes aciertos y un gran error

Empezando por el mayor problema de la película, señalar cómo hubiera cambiado la historia con Tom Hardy a bordo. Con todos los respetos a Joel Kinnaman (Robocop), la falta de expresividad y lo forzado de sus diálogos llegan a provocar sueño y su frase en el momento cumbre del enfrentamiento final (una frase que le dice a Deadshot) provocó más de una risa, ya que la forma de expresarla no era natural (puede ser por el doblaje al castellano) y, seamos sinceros, no es la mejor frase final que ha escrito David Ayer. Además, su historia con la modelo Cara Delevingne tampoco ayuda, ya que no acaba de transmitir todas las emociones por las que pasa su personaje. En lo único que destaca es en su forma de agarrar la pistola, pero no es suficiente.

Antes de hablar de los grandes protagonistas, destacar que, tanto Adewale Akinnuoye-Agbaje (Killer Croc) como Karen Fukuhara (Katana) logran transmitir las claves de sus personajes en los pocos minutos que aparecen en pantalla, mostrando dureza en el combate sin perder el interés de los fans. En cambio, Jay Hernández (Diablo) resulta creíble en su lucha contra la violencia y su historia personal es un paso más en la madurez de este universo que no tiene miedo a mostrar todas las consecuencias. Por su parte, Jay Courtney logra construir un personaje por primera vez en su carrera.

Centrándonos en las estrellas de la función, comencemos por el más problemático. Will Smith. El dos veces nominado a los Oscars a mejor actor está teniendo una corriente negativa infundada desde hace años, pero aquí vuelve a demostrar su carisma (hasta la línea más sosa suena interesante con él), su talento para el drama contenido (todas las escenas relacionadas con su hija) y su naturalidad para la acción y los efectos. No tiene problemas en cargarse la película sobre sus hombros y disfruta con ello. El protagonista de “Ali” realiza una de las mejores interpretaciones de lo que llevamos de universo.

Y de una gran actuación a otra. La gran Margot Robbie, que ha entrado en la industria como un torbellino, tiene el honor de llevar a Harley Quinn a la imagen real. Al igual que Jared Leto, del que luego hablaremos, no se dedica solo a copiar a la versión del cómic o a la de animación, sino que construye una nueva versión – menos histriónica – sin olvidar rendir tributo a los orígenes de la lunática psicóloga. Su expresión corporal, siempre entre lo provocativo y lo infantil, se combina con una voz dulce, pero con cambios en el tono y en la manera de terminar las frases que inciden en esa inestabilidad.

Unido a ella, no podía faltar el Señor J.- Jared Leto que sigue demostrando su talento para las grandes transformaciones y en vez de copiar lo que han hecho otros compañeros, acepta el juego de Ayer. Como hemos indicado, el cineasta es experto en retratar la calle y su Joker no podía ser otro que un gánster moderno. A pesar de que no me gusta que sea tan recargado (el tatuaje de “dañado” me sigue sobrando) su composición es salvaje, totalmente nueva y sus gestos juegan muy bien con esos momentos de relajación, con otros de locura total. Por desgracia, el doblaje no hace justicia a la versión en original, ya que le ralentiza mucho la voz y es un tono que a veces no sabe si tiene problemas al hablar o es que habla despacio. Hemos tenido el Joker más payaso (66), la versión más próxima al cómic clásico (Nicholson), el Joker más caótico (Ledger), la versión animada que mezcla varios enfoques y ahora, un Joker de las calles. A muchos les ofende estos cambios, pero yo soy de los que agradecen que cada artista busque su propia versión del personaje, presentando algo diferente. Eso sí, el homenaje a Alex Ross es tremendo.

Hagamos un paréntesis. Otro de los aciertos de Ayer es ofrecer una nueva visión de la relación entre los dos lunáticos. Si en los cómics el Joker maltrata a Harley en todos los sentidos, aquí la relación es más unida. Un giro interesante, a falta de ver su desarrollo en futuras entregas, aunque siempre con el Joker en posición de superioridad y manipulación. La escena del ácido es perfecta en ese sentido y capta la esencia de ambos de forma sencilla, pero efectiva. El juego del Joker y la anulación mental de su “reina” hacen que los no iniciados comprendan el juego que practican y quieran saber más.

Por último, la gran Viola Davis. Es cierto que es un personaje muy parecido al que interpreta en “Cómo defender un asesino”, fría, calculadora y sin escrúpulos a la hora de proteger sus intereses, pero eso no resta méritos a su papel. En todo momento intimida y uno siente que no te puedes fiar de nada de lo que diga, al ser consciente de su falta de empatía y de sus conocimientos ocultos.

Con todo ello, y a pesar de Rick Flag, la película se mantiene gracias a unos actores que disfrutan y viven los personajes, intentando dotarles de la mayor humanidad posible.

Como siempre, la música resulta fundamental y la mezcla de éxitos contemporáneos (la mayoría en remix – como en el caso de Eminen -) fomentan el tono de la película y acercan esa versión de “barrio” de los personajes.

Conclusión

Como toda historia de personajes secundarios, a excepción del Joker, no juega al mismo nivel que sus hermanos mayores (WW, Aquaman, La Liga), pero ayuda a cimentar el tono del universo DC.

Dureza (que no gamberrismo), advertencia a la futura Liga de cómo se las gasta el gobierno y una versión lo más realista posible de algunos de los villanos del noveno arte que demuestra la libertad creativa en WB y la fidelidad del director a su estilo.

Una pena que el guion no se encuentre más elaborado (en relación a ofrecer escenas más variadas) y que algún error de casting produzca zozobra en el espectador, perdiendo interés en la trama.

Aun así, una propuesta entretenida y que mantiene el universo DC bien cohesionado, sin imitar a nadie.

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